viernes, 27 de noviembre de 2020

YO, RAFAEL MÚNERA

 

Foto tomada de wikipedia

Hace algún tiempo Juan Carlos quería preguntarme acerca de mi vida, quería que les contara a todos ustedes como era vivir en la Nueva Granada en el siglo XVIII y también quería saber mas sobre un incidente que marcaría toda mi vida en la tierra.

Yo nací en la ciudad de Cartagena en las indias, creo yo que alrededor de 1727, con mis padres conviví poco tiempo, ellos venían de muy lejos, del otro lado del mar, fueron traídos por unos señores ingleses que los capturaron en las costas de Guinea (Golfo de Benín) durante el asiento inglés (los hubo portugués 1595 – 1641, holandés 1640 – 1701, francés 1701 – 1713 e inglés 1713 – 1743) (Mosquera, 2014), a mí me llamaban criollo, porque nací en las indias, mis padres eran llamados bozales “El negro que no sabe otra lengua que la suya, y la lengua, o lenguaje se llama labio, y los labios bezos; de boca, boza, y de allí boçal” (Covarrubias Orozco, 1674) y posteriormente cuando aprendieron a hablar el castellano, fueron nombrados ladinos. 

Me separaron de mis padres estando pequeño, fui vendido y me trajeron a la provincia de Antioquia al sitio de la Tasajera para servir a mi amo Don Francisco Javier Gómez de Múnera, por eso mi nombre es Rafael Múnera, así me llamaban en el pueblo, yo servía en su casa, hacía las veces de jardinero, cultivaba una pequeña huerta, porque no se si saben que antes las casas tenían, además del solar exterior, dos patios, uno central donde estaba el jardín, era empedrado para drenar muy bien el agua que caí del techo cuando llovía y así no formaba pozos, el otro patio era al frente de la cocina, allí se tenía la pequeña huerta con tomates, cebollas y algunas plantas aromáticas y medicinales.  También servía de chasquis o mensajero y recadero, ensillaba las bestias y las cuidaba, mis amos me trataban bien, no tenían mala palabra conmigo. 

En la casa también estaba, además de la ama Doña Bárbara Javiera Betancur y el sastre Blas Zapata, Maria Rosa, ella también servía a los amos, pero ella no era criolla como yo, tampoco era negra, era mulata pero no era parda, a los ojos actuales de ustedes se veía blanca, pues acá entre nosotros, su padre era el amo de su mamá, pero como su madre era esclava, ella también nació esclava, saben que en estas tierras ser mulato o mestizo, blanco o negro, no se daba por el color de la piel y era muy importante para los amos, por ejemplo, el primo de mi amo Juan Ignacio Molina Henao me decía que mi amo no era ningún Don, porque él era mulato como él, porque tenían la misma sangre y que la única razón por la que le llamaban Don como si fuera blanco fue porque lo bautizaron como expósito, o sea que no se conocían sus padres, pero que todo fue un engaño para asegurarle una posición a él, pues su padres fueron el cura Dr Don Francisco José Zapata Gómez de Múnera de la Serna y su madre, la tía de él, María Gertrudis Molina Lezcano.  Yo creo que él me decía eso porque envidiaba mucho a mi amo y además tenía amores a escondidas con mi ama Bárbara.

Hace nadita les hablé de Maria Rosa, ella era como una madre para mí, prácticamente me crió cuando llegué a estas montañas, me enseñó todo lo que necesitaba para encajar en las costumbres del pueblo, me enseñó a portarme bien, rezábamos juntos al dios de ella, el dios cristiano, y me dijo que me olvidara de mis dioses que esos eran falsos, que olvidara lo que me habían enseñado mis papás.

La vida en la casa de mis amos era muy tranquila, pero comenzó a ponerse muy raro todo cuando Juan Ignacio Molina se vino de la Villa de la Candelaria a vivir temporalmente a estos lados con su familia, su esposa Maria Magdalena Restrepo y sus hijos Maria Ambrosia, Juan José y José Ignacio Molina Restrepo.  él frecuentaba mucho a mi amo por que además de ser familia, también tenían negocios y a veces mi amo le prestaba oro y plata, pero Juan Ignacio no solo venía a ver a mi amo, Maria Rosa me contaba que, se veía a escondidas por la quebrada de piedras blancas con mi ama Doña Bárbara y cuando la gente comenzó a murmurar mi amo Javier se volvió como loco, comenzó a celar mucho a mi ama y a veces me mandaba a mí a espiarla cuando salía al mercado los domingos con Maria Rosa y ya no me dejaba acompañarlo cuando viajaba a las minas que su tío Joaquín Zapata y Múnera tenía antes de morir en San Jacinto y en El Espinal, en el valle de los Osos. (Rueda & Londoño, 2003) todo para que yo pudiese contarle que hacía mi ama.  Esa relación de mi ama, sería su perdición y la de Juan Ignacio, aunque también nos arrastraría a Maria Rosa y a mí.

Mi desgracia comenzó dos semanas, poco más o menos, antes de la Semana Santa de 1748 en el sitio de la Tasajera, cuando Juan Ignacio Molina, antes del sermón de la noche me llamó y me dijo “mira que me habéis de ayudar a esta noche a matar a tu amo” y luego mi ama también me dijo que me quedase en la sala que aquella noche le había de ayudar a matar a mi amo y yo les prometí que sí, y Juan Ignacio me obligó a guardar el secreto.  Yo no me quise quedar en la sala, sino que me fui a dormir a la cocina, pues allí era donde yo dormía, hasta que a la media noche Juan Ignacio llegó a la cocina y me dijo que cuando él me dijera, llegara y le tapara la boca a mi amo.  Juan Ignacio sacó una lezna que Maria Rosa guardaba en su petaca y entró a la habitación donde dormía mi amo Francisco Javier, se le echó encima y en cuanto mi amo gritó, corrí a taparle la boca con entrambas manos y luego llegó Maria Rosa y mi ama Bárbara, Rosa le agarró una mano a mi amo y no vi a ama de donde lo tenía, yo lo sostuve de la cabeza mientras Juan Ignacio le enterraba la lezna hasta que mi amo feneció; luego el dicho Molina en la sala me dijo que le avisara si había gente y que si no había que me fuera a acostar, y como no había gente me fui a dormir, aunque dormir es un decir.

Luego de la muerte de mi amo, fui apresado, llevado a la cárcel mientras me hacían el juicio y recibía mi condena, fue el 20 de abril de 1748 que el alcalde de la Santa Hermandad de la Villa de la Candelaria de Medellín, Don Manuel de Uribe me hizo el interrogatorio donde confesé lo que les acabo de contar, por esta razón me condenaron a muerte por los delitos de:

Alevosía, por haberle dado muerte a mi amo mientras dormía.

Infidelidad, pues mi amo no me maltrataba ni mala razón me dio para darle muerte.

Violencia, por haberlo agarrado violentamente con entrambas manos de la cabeza y tapándole la boca para que muriese indefenso.

Haber sido de hecho y casa pensado, pues fui convocado esa noche temprano y pude haber avisado al juez que se encontraba esa noche en la iglesia de Nuestra Señora de Copacabana.

La condena fue a muerte corporal en la horca el día 23 de abril, pero no había ministro ejecutor que supiese la maniobra me fue conmutada a morir por garrote en roblaril (sic) plantado en el sitio de Copacabana y luego de morir, debían cortarme la cabeza y las manos para exponer la primera clavada en un palo alto en el sitio donde murió mi amo y las manos en los caminos reales hasta el sabado de ramos.

Yo pensaba que allí se daría el fin de mi suplicio y que recibiría el castigo que merecía, pero resulta que no había ministro ejecutor en el Valle de Aburrá y el que mandaron traer de Santa Fé de Antioquia había huido, así que me condenaron a ser el ministro ejecutor de por vida y a ejecutar las sentencias a Maria Rosa y a Juan Ignacio.

 

 

Referencias

Covarrubias Orozco, S. d. (1674). Tesoro de la lengua castellana. Madrid. Obtenido de http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/del-origen-y-principio-de-la-lengua-castellana-o-romance-que-oy-se-vsa-en-espana-compuesto-por-el--0/html/00918410-82b2-11df-acc7-002185ce6064_196.html

Mosquera, S. A. (2014). AFROCHOCOANOS: Orígenes y Troncos Familiares. (M.-B. Fundación Social Afrocolombiana, Ed.) Quibdó, Chocó, Colombia: ALTO VUELO COMUNICACIONES.

Rueda, D., & Londoño, G. (2003). Con negros, minas y un bello paisaje, se hizo la historia colonial de Belmira. 1650-1850. Medellin: Univesidad de Antioquia.

 


3 comentarios:

  1. Que historia tan interesante y dura, sinembargo muestra la realidad de la vida en esa época. Muy bien hecho el relato, felicitaciones!

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  2. Excelente narración. Esto es "ficción" o de dónde obtienes toda esta información, dada la época de la historia? De todas maneras Felicitaciones...

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    1. Es ficción histórica, la información documental es sacada del juicio por muerto de Francisco Javier Gómez de Múnera en el año de 1748 en Copacabana, Antioquia, aunque se perdió buena parte, probablemente a finales del siglo XIX y comienzos del XX, donde los archivos fueron sustraídos.

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