Hace algún tiempo Juan Carlos quería
preguntarme acerca de mi vida, quería que les contara a todos ustedes como era
vivir en la Nueva Granada en el siglo XVIII y también quería saber mas sobre un
incidente que marcaría toda mi vida en la tierra.
Yo nací en la ciudad de Cartagena en las
indias, creo yo que alrededor de 1727, con mis padres conviví poco tiempo,
ellos venían de muy lejos, del otro lado del mar, fueron traídos por unos
señores ingleses que los capturaron en las costas de Guinea (Golfo de Benín)
durante el asiento inglés (los hubo portugués 1595 – 1641, holandés 1640 –
1701, francés 1701 – 1713 e inglés 1713 – 1743)
Me separaron de mis padres estando pequeño, fui
vendido y me trajeron a la provincia de Antioquia al sitio de la Tasajera para
servir a mi amo Don Francisco Javier Gómez de Múnera, por eso mi nombre es
Rafael Múnera, así me llamaban en el pueblo, yo servía en su casa, hacía las
veces de jardinero, cultivaba una pequeña huerta, porque no se si saben que
antes las casas tenían, además del solar exterior, dos patios, uno central
donde estaba el jardín, era empedrado para drenar muy bien el agua que caí del
techo cuando llovía y así no formaba pozos, el otro patio era al frente de la
cocina, allí se tenía la pequeña huerta con tomates, cebollas y algunas plantas
aromáticas y medicinales. También servía
de chasquis o mensajero y recadero, ensillaba las bestias y las cuidaba, mis
amos me trataban bien, no tenían mala palabra conmigo.
En la casa también estaba, además de la ama Doña
Bárbara Javiera Betancur y el sastre Blas Zapata, Maria Rosa, ella también
servía a los amos, pero ella no era criolla como yo, tampoco era negra, era
mulata pero no era parda, a los ojos actuales de ustedes se veía blanca, pues
acá entre nosotros, su padre era el amo de su mamá, pero como su madre era
esclava, ella también nació esclava, saben que en estas tierras ser mulato o
mestizo, blanco o negro, no se daba por el color de la piel y era muy
importante para los amos, por ejemplo, el primo de mi amo Juan Ignacio Molina
Henao me decía que mi amo no era ningún Don, porque él era mulato como él,
porque tenían la misma sangre y que la única razón por la que le llamaban Don
como si fuera blanco fue porque lo bautizaron como expósito, o sea que no se
conocían sus padres, pero que todo fue un engaño para asegurarle una posición a
él, pues su padres fueron el cura Dr Don Francisco José Zapata Gómez de Múnera
de la Serna y su madre, la tía de él, María Gertrudis Molina Lezcano. Yo creo que él me decía eso porque envidiaba
mucho a mi amo y además tenía amores a escondidas con mi ama Bárbara.
Hace nadita les hablé de Maria Rosa, ella era
como una madre para mí, prácticamente me crió cuando llegué a estas montañas,
me enseñó todo lo que necesitaba para encajar en las costumbres del pueblo, me
enseñó a portarme bien, rezábamos juntos al dios de ella, el dios cristiano, y
me dijo que me olvidara de mis dioses que esos eran falsos, que olvidara lo que
me habían enseñado mis papás.
La vida en la casa de mis amos era muy
tranquila, pero comenzó a ponerse muy raro todo cuando Juan Ignacio Molina se
vino de la Villa de la Candelaria a vivir temporalmente a estos lados con su
familia, su esposa Maria Magdalena Restrepo y sus hijos Maria Ambrosia, Juan
José y José Ignacio Molina Restrepo. él frecuentaba mucho a mi amo por que
además de ser familia, también tenían negocios y a veces mi amo le prestaba oro
y plata, pero Juan Ignacio no solo venía a ver a mi amo, Maria Rosa me contaba
que, se veía a escondidas por la quebrada de piedras blancas con mi ama Doña
Bárbara y cuando la gente comenzó a murmurar mi amo Javier se volvió como loco,
comenzó a celar mucho a mi ama y a veces me mandaba a mí a espiarla cuando
salía al mercado los domingos con Maria Rosa y ya no me dejaba acompañarlo
cuando viajaba a las minas que su tío Joaquín Zapata y Múnera tenía antes de
morir en San Jacinto y en El Espinal, en el valle de los Osos.
Mi desgracia comenzó dos semanas, poco más o
menos, antes de la Semana Santa de 1748 en el sitio de la Tasajera, cuando Juan
Ignacio Molina, antes del sermón de la noche me llamó y me dijo “mira que me
habéis de ayudar a esta noche a matar a tu amo” y luego mi ama también me dijo
que me quedase en la sala que aquella noche le había de ayudar a matar a mi amo
y yo les prometí que sí, y Juan Ignacio me obligó a guardar el secreto. Yo no me quise quedar en la sala, sino que me
fui a dormir a la cocina, pues allí era donde yo dormía, hasta que a la media
noche Juan Ignacio llegó a la cocina y me dijo que cuando él me dijera, llegara
y le tapara la boca a mi amo. Juan
Ignacio sacó una lezna que Maria Rosa guardaba en su petaca y entró a la
habitación donde dormía mi amo Francisco Javier, se le echó encima y en cuanto
mi amo gritó, corrí a taparle la boca con entrambas manos y luego llegó Maria
Rosa y mi ama Bárbara, Rosa le agarró una mano a mi amo y no vi a ama de donde
lo tenía, yo lo sostuve de la cabeza mientras Juan Ignacio le enterraba la
lezna hasta que mi amo feneció; luego el dicho Molina en la sala me dijo que le
avisara si había gente y que si no había que me fuera a acostar, y como no
había gente me fui a dormir, aunque dormir es un decir.
Luego de la muerte de mi amo, fui apresado,
llevado a la cárcel mientras me hacían el juicio y recibía mi condena, fue el
20 de abril de 1748 que el alcalde de la Santa Hermandad de la Villa de la
Candelaria de Medellín, Don Manuel de Uribe me hizo el interrogatorio donde
confesé lo que les acabo de contar, por esta razón me condenaron a muerte por
los delitos de:
Alevosía, por haberle dado muerte a mi amo
mientras dormía.
Infidelidad, pues mi amo no me maltrataba ni
mala razón me dio para darle muerte.
Violencia, por haberlo agarrado violentamente
con entrambas manos de la cabeza y tapándole la boca para que muriese
indefenso.
Haber sido de hecho y casa pensado, pues fui
convocado esa noche temprano y pude haber avisado al juez que se encontraba esa
noche en la iglesia de Nuestra Señora de Copacabana.
La condena fue a muerte corporal en la horca el
día 23 de abril, pero no había ministro ejecutor que supiese la maniobra me fue
conmutada a morir por garrote en roblaril (sic) plantado en el sitio de
Copacabana y luego de morir, debían cortarme la cabeza y las manos para exponer
la primera clavada en un palo alto en el sitio donde murió mi amo y las manos
en los caminos reales hasta el sabado de ramos.
Yo pensaba que allí se daría el fin de mi
suplicio y que recibiría el castigo que merecía, pero resulta que no había
ministro ejecutor en el Valle de Aburrá y el que mandaron traer de Santa Fé de
Antioquia había huido, así que me condenaron a ser el ministro ejecutor de por
vida y a ejecutar las sentencias a Maria Rosa y a Juan Ignacio.
Referencias
Covarrubias
Orozco, S. d. (1674). Tesoro de la lengua castellana. Madrid. Obtenido
de
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/del-origen-y-principio-de-la-lengua-castellana-o-romance-que-oy-se-vsa-en-espana-compuesto-por-el--0/html/00918410-82b2-11df-acc7-002185ce6064_196.html
Mosquera, S. A. (2014). AFROCHOCOANOS: Orígenes y
Troncos Familiares. (M.-B. Fundación Social Afrocolombiana, Ed.) Quibdó,
Chocó, Colombia: ALTO VUELO COMUNICACIONES.
Rueda, D., & Londoño, G. (2003). Con negros,
minas y un bello paisaje, se hizo la historia colonial de Belmira. 1650-1850.
Medellin: Univesidad de Antioquia.
Que historia tan interesante y dura, sinembargo muestra la realidad de la vida en esa época. Muy bien hecho el relato, felicitaciones!
ResponderBorrarExcelente narración. Esto es "ficción" o de dónde obtienes toda esta información, dada la época de la historia? De todas maneras Felicitaciones...
ResponderBorrarEs ficción histórica, la información documental es sacada del juicio por muerto de Francisco Javier Gómez de Múnera en el año de 1748 en Copacabana, Antioquia, aunque se perdió buena parte, probablemente a finales del siglo XIX y comienzos del XX, donde los archivos fueron sustraídos.
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