| A. H. A. Criminal. B. 34. Leg. 1780-1750. Doc. N° 5. Fols. 2v.-4r |
Hoy 29 de octubre de 2020,
en Bello, en el cumpleaños 43 de mi nieto, en realidad es mi nieto doble, de
octava generación por parte de su padre y de décima generación por parte de su
madre, quiero darle un regalo, uno que sé es muy valioso para él, lo ha buscado
por tres años, me lo ha preguntado muchas veces en sueños, el lugar donde nos
encontramos ocasionalmente y hablamos.
Me ha preguntado muchas veces acerca de mi vida, pero es que han pasado
tantos años que si acaso recuerdo fragmentos de ella, que si les soy sincero,
recuerdo más del día en que mi vida fue apagada en esas semanas antes de la semana
santa de abril de 1748, que lo que transcurrió desde aquel viernes 7 de junio
de 1709, día en el que fui bautizado en la Fe católica en el sitio de la
Tasajera de la provincia de Antioquia en el Nuevo Reino de Granada.
Fue mi madre María
Gertrudis Molina Lezcano, una mujer hermosa, un poco desdeñada por la sociedad de
aquellos años, no por su condición económica que en realidad era buena, sino por
su condición racial, pues su abuelo materno Miguel Jerónimo de Lezcano Pérez
era un mulato y fue de aquellos primeros pobladores de este Valle de los Aburráes
a donde llegó proveniente de la Ciudad de Antioquia.
Mi padre… bueno es un
poco complicado… supe quien era mi padre cuando comencé a tener uso de razón,
siempre creí que era Francisco Antonio Hernández, pero descubrí que él solo fue
mi padrino de bautismo cuando en la iglesia de la Tasajera me bautizaron como
expósito…
… sí, yo no entendía
tampoco que significaba esto, pero resulta que así nombraban a los niños que
nacían fuera del matrimonio y que además no tenían padre ni madre. Sé que se están preguntando por qué me
bautizaron así aun teniendo madre y bueno también padre, pues si no lo saben,
para que un niño pueda nacer se necesita un padre y una madre que en el tiempo
de mi nieto le llaman… hmmm …. Sí, dizque biológicos, no entiendo muy bien eso,
pues este es otro tiempo, muy raro para mí, la verdad. Pero bueno volviendo a lo de mi padre, este era
una persona muy importante, no solo en la Tasajera, donde siempre han dicho que
su iglesia la construyó él con su propio dinero, claro que a él no le faltaba
el dinero, pues venía de una familia muy prestante en aquellas épocas y
vivieron mucho tiempo en el sitio de Guayabal, mi nieto me dice que por ahí
ahora existe un zoológico que es algo donde exhiben y cuidan animales salvajes
y también un parque, nunca conocí ninguno y también dizque unos barrios que son
como un montón de casas juntas unas a las otras; les confieso, nunca en mis casi
39 años de vida imaginé que fuese posible poblar tanta tierra. Bueno, ya sé que se dieron cuenta que aún
después de 3 siglos, poco mas o menos, aun no es fácil hablar de mi padre, su
nombre era Francisco José Zapata Gómez de Múnera de la Serna, sí, el mismo
presbítero de la Tasajera que además ocupó grandes cargos en la iglesia. Yo tomé mis apellidos de su bisabuelo, Juan
Gómez de Múnera Gascón, él fue español, nada menos que de Albacete lo que era
beneficioso para mí, y además nadie de la familia usaba el apellido Múnera, así
fue como comencé a llamarme Francisco Javier Gómez de Múnera o simplemente Javier
Múnera.
De mi infancia no
recuerdo mucho, sé que me enseñaron a leer y a escribir y creo que eso fue suficiente
para poder mantener una posición económica buena, tener mi solar y mi casa, tenía una habitación de mi casa en alquiler al sastre Blas Zapata, mi nieto cree que podría haber sido
pariente mío, pero la verdad no hay aun pruebas de ello. Sé que algunos se podrán preguntar ¿cómo
puedo recordar que estaba bien económicamente?, les diré esto, recuerdo como si
fuera ayer, que al menos tenía dos esclavos a mi servicio y al de mi señora
esposa Bárbara Javiera Betancur y Velasco Rodríguez, y los esclavos no eran
baratos, yo los trataba muy bien, conocía sus nombres y de donde eran, el más joven
era Rafael, era un negro criollo que había nacido en Cartagena alrededor de
1727 y la otra era Maria Rosa, ella no era negra, era mulata y yo creo que
debió nacer en este sitio por los años de 1700, ella era mayor que yo, y ambos
eran solteros. Juan Carlos me dice que ahora en su tiempo, tener esclavos es un delito, yo le dije que en nuestra época no lo era, era algo muy común y no solo en mi tiempo, sino también en los anteriores al mío. Los tiempos cambian y así mismo cambian las personas, las sociedades y los pensamientos. Por favor no me juzguen fuera de mi tiempo. Estoy seguro que si viviese en el suyo haría igualmente lo que en su tiempo fuese lo correcto.
¿Saben? Ahora que mencioné a Bárbara, recordé que la conocí y me enamoré de ella, apenas tendría unos 16 o 17 años cuando pedí su mano, no sé si recibí dote de mis suegros Don Javier Betancur y Velasco y Doña María Manuela Rodríguez, probablemente sí. Mi nieto Juan Carlos me dijo que un amigo suyo, Carlos Gallego, le dio el dato del bautismo de mi Bárbara Javiera, le dijo que ella fue bautizada un domingo 14 de marzo de 1723 también en la Tasajera y sus padrinos fueron Juan Lorenzo de Betancur y Maria Ignacia Betancur y que ese dato es confiable porque se encuentra en el libro 1 y en el folio 239.. En mi matrimonio con mi Bárbara tuvimos a Nicolás Javier, María Antonia, Vicente, Juan Félix, María Manuela, Bárbara Javiera y a Miguel.
Nuevamente me cuenta
mi nieto Juan Carlos, que cuando Nicolás Javier se casó en San Pedro de los
Milagros el lunes 20 de abril de 1767 (L1F15) con Juana María Crespo, a él lo
registraron en ese libro de matrimonios como Nicolás García, también me dijo
que el creía que Juana María era hija natural de otra Juana María Crespo en un
Céspedes, lo cree porque en el libro primero de confirmaciones de San Pedro de
los Milagros en la vuelta del folio 12 mencionan a Juana Crespo y luego a hijas de
Nicolás Múnera y Juana Crespo, y también encontró esta dispensa https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-DYL4-TV8?i=795&cc=1726975&cat=822662
que dice que era hija de un señor Céspedes, y su padrino de bodas era uno del
mismo nombre que aparece como su hermano en esa misma dispensa, un Pedro
Céspedes y también cree que su posible mamá fue esposa de Pedro Ramírez, pero
que no puede comprobarlo aun, pero que de ser así, su abuela sería Carmela
Crespo y su abuelo (no reconocido) sería Francisco Javier Gonzalez De Castro
Tazon, que dizque ese dato lo encontró también en otra dispensa que dice eso https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HY-6M49-516?i=149&cc=1726975&cat=822662.
De mi hijo Nicolás
desciende Resfa Eloisa Londoño Gómez, también mi nieta doble y abuela materna
de Juan Carlos. Les cuento que es nieta
doble porque por un lado, Estefa o Estefanía Múnera Crespo y Juan José Gómez de
Castro Pineda son los padres de Alejo Gómez Múnera y abuelos de José Joaquín
Gómez Piedrahita, y por el otro lado, Francisco Múnera Crespo y Ramona Castrillón
Chavarriaga fueron los padres de Celedonio Múnera Castrillón y abuelos de Juana
Francisca Múnera Piedrahita, y como dicen ustedes y actuábamos nosotros: “entre más
primo más me arrimo” Juana Francisca y José Joaquín se casaron y tuvieron a
José de la Paz Gómez Múnera y hasta allí le legué mi apellido, pero parte de mi
sangre circula aún por las venas de todos mis nietos.
Una pregunta que no le
pude responder a mi nieto Juan Carlos fue si mis hijos se fueron a vivir a Riochico,
junto a los Gómez y sí por ellos nombraron a un sitio así “Riochico Múnera” en lo
que hoy se llama Entrerríos. Yo lo único
que pude responder es que ellos eran muy niños cuando me obligaron a dejar este
mundo, y que si yo pudiese tener alguna mina de oro o alguna estancia por allí,
probablemente fuese verdad.
Mi otro hijo Miguel,
se casó también en San Pedro de los Milagros, el viernes 26 de agosto de 1774
(L1F36) con María de la Concepción Ramírez Crespo quien debía estar
desamparada también por la repentina muerte de su papá Pedro Ramírez el 8 de
febrero de 1757, un jueves en plenas fiestas de Nuestra Señora de la Candelaria,
su madre Juana María Crespo quedó sola y fue desterrada a San Jerónimo tras
enviudar.
De Miguel y Concepción
nació, un domingo 23 de octubre de 1791 en San Pedro de los Milagros, mi nieta
Maria Lucas Múnera Ramírez quien se casó con Juan José González Arias también en
San Pedro el jueves 8 de febrero de 1814, él era hijo de José María González y
María Ignacia Arias, de quien me dice mi querido Juan Carlos, no ha podido saber
mas de ellos, excepto que se casaron en San Pedro el 14 de junio de 1792 un
jueves y estaban ya esperando a su primogénito Miguel González Arias que
nacería el 23 de septiembre de ese mismo año.
Juan José era menor que Maria Lucas, nació en San Pedro el miércoles 9
de abril de 1794 y tuvo a dos hijos en los que legué mi apellido Múnera, ese
que tomé de mi tatarabuelo, ellos fueron Jose María González Múnera y José
Sergio González Múnera, quienes a su vez tuvieron respectivamente a Francisco
González Sepúlveda y a Amelia González García, los abuelos de Gilberto González
Díaz, mi nieto y el abuelo paterno de mi nieto Juan Carlos.
¿Si ven ustedes? Soy como
una fuente donde emanan dos ríos que luego de recorrer distintos lugares se encuentran
desembocando en otro río hasta que llegue al mar donde he de descansar hasta
que me llame mi creador.
Bueno hablando del
llamado de mi Señor, yo me presenté tempranamente ante su rostro, no por
voluntad mía, ni riesgos, se perdería mi alma, sino a manos de mi propia sangre
y de mi amada esposa.
Como les contaba al
principio, recuerdo mas de la noche que dejé esta vida que de mi vida misma. Fue
la noche del sermón en el tiempo de cuaresma, se acercaba la semana santa, podría
calcular que faltaban solo dos semanas poco más o menos, yo dormía en mi
habitación, sobre mi cama, era media noche cuando a mi habitación entraron mi negro
Rafael y mi primo hermano Juan Ignacio Molina Henao, quien era hijo de mi tío Félix
Molina Lezcano y Francisca de Henao Muñoz, era tres años mayor que yo, había
nacido también en la Tasajera el 2 de julio de 1706 (L1F137) se había casado en
la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín el 12 de julio de 1734
(L3F35) con María Magdalena Restrepo (las casualidades y causalidades del
destino, mi primo también es abuelo de mi nieto Juan Carlos y lo es también de mi
nieta Resfa Eloisa por parte de su padre Joaquín Emilio Londoño Gaviria). Cuando mi primo conoció a mi Bárbara, también
se enamoró de ella y se veían a mis espaldas, ellos creían que no me había enterado,
pero quien no se enamoraría de mi bella mujer, yo la celaba mucho, no quería
perderla por nada en el mundo; sin embargo,
fue este romance el que causó mi muerte esa noche de abril, así que retomando
mi relato, me desperté al sentir ruidos en mi habitación, y me asusté al ver en
ella no a Bárbara y sí a Rafael y a Juan Ignacio quien empuñaba en su mano la
lezna que Maria Rosa guardaba en su petaca, solo pude gritar por ayuda y en
cuanto lo hice Rafael me tomó la cabeza y con entrambas manos, me tapó la boca,
ya adivinaba yo cual sería mi destino, y no les niego, confiaba en que mi amada
Bárbara me escuchara y me rescatara de mis atacantes, pero esta esperanza se
apagó cuando vi que al entrar con mi mulata Maria Rosa no acudieron en mi ayuda,
por el contrario, Rosa me tomó el brazo con el que intentaba detener la lezna
que Juan Ignacio pretendía enterrar en mis entrañas, así que solo podía
intentar zafarme moviendo mis piernas que fueron detenidas por mi bella
Bárbara, fue en ese instante en el que realmente morí, ni siquiera sentí el
dolor de las punzadas de la lezna al entrar una y otra y otra vez, desgarrando
mis entrañas y desangrándome por dentro, era mayor el dolor de ver que mi amor
no había sido suficiente para mi Bárbara.
Mientras mi aliento se extinguía y mi mente se apagaba, solo podía
pensar en qué habría hecho mal, tal vez habían sido mis exagerados celos las
que la habrían lanzado a los brazos de mi primo, tal vez la asfixié con mi zalamería,
tal vez trunqué sus sueños y le impuse los míos, no podía saberlo, de lo que
estaba seguro era que todo ello fue mi culpa.
No fue mucho mi penar,
en cuestión de minutos mi aliento se extinguió, en un instante estaba en este
mundo y al otro estaba frente a frente con mi creador, me recibía mi padre que
había muerto unos años antes que yo y también lo hacía mi tatarabuelo, orgulloso
por haber dejado como herencia su apellido a las generaciones que me sucederían,
ya no importaba ser hijo ilegítimo, o hijo de un cura, tampoco no ser de sangre
pura, o lo que poseía, solo importaba lo que había vivido, lo que había aprendido, ya no me
preguntaba nada, el dolor se había ido, solo una cosa persistía, mi
preocupación por mis hijos, que sería de ellos sin sus padres, pero me fue
mostrado el futuro, la vida continuaría y como todos los ríos, después de vagar
por la tierra trascenderían en el mar.
Saben algo, no nos
olviden, no moriremos mientras vivamos en sus mentes y corazones y así no recordemos
mucho de nuestras vidas, tarde o temprano ustedes lo descubrirán y viviremos en cada uno de nuestros
descendientes.
Por Juan Carlos González Arango
